Leyenda Del Hombre De Las Abejas Del Cerro Chiquito

01.01.1781

LEYENDA DEL HOMBRE DE LAS ABEJAS DEL CERRO CHIQUITO

Esta leyenda, que engrandece la cultura oral del aipuno, se constituye en una vivencia del autor de la presente obra, en una visita esporádica a la Cueva de Leonardo, vestigio arqueológico de una etnia indígena que habitó los territorios de lo que hoy se denomina: Vereda Potreritos, Jurisdicción rural del municipio de Aipe; donde pude observar a la distancia sobre el Cerro Chiquito, la figura aparente de un hombre que con traje blanco, reposaba en uno de los costados de la loma. 

Como contaba con la compañía del Señor Julio Llanos Medina, baquiano oriundo del sector, me permití preguntarle quien era la persona que se osaba a subir a tan empinada altura; con voz amable y entre cortada, me respondió: "César, la figura que usted observa a la distancia, corresponde a una leyenda que me contó mi padre, cuando yo tenía la edad de siete años y es la siguiente: resulta que un morador de esta región, un día Jueves Santo, subió al Cerro Chiquito a sacar la colmena de una abeja alá; estando allí, en tal procedimiento, introdujo la mano dentro del hueco calado en la roca del cerro para extraer la colmena, con tan mala suerte que la mano le quedó atrapada dentro de la peña, permaneciendo allí por mucho tiempo; ante esta situación, algunos familiares y amigos de la región, procedieron a llamar al cura de la localidad de Aipe, para que desde la parte baja del cerro se orara en favor del atrapado por la naturaleza y, de la misma manera se le impusiera el agua bendita, sin poderse lograr el cometido de su liberación; unos días más tarde el hombre fallece y se petrifica en la dura roca. 

Hoy solo nos queda el recuerdo de este hecho, el cual podemos evocar, cuando desprevenidamente alzamos la cara para tomar un nuevo aire de respiro en nuestras jornadas de trabajo y, a la distancia nos choca la vista con la imagen del hombre de las abejas, el cual desafío los destinos de Dios en la semana mayor y sufrió tal suerte. 

En muchas ocasiones en que intente sacar colmenas de abejas, mi padre me manifestó muy sabiamente: "tenga cuidado y no vaya a sucederle lo del hombre del cerro".